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Presentación Marie-Céline Rey

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Marie-Céline Rey presenta la vida y la obra del artista sudamericano asentado en Mallorca Alvarez Frugoni.
Fue luego de muchos años de viaje que el pintor uruguayo Alvarez Frugoni vino a radicarse en Mallorca en 1997. Viajó por Sudamérica, Brasil, Uruguay y Suiza durante los noventa y finalmente eligió esta isla balear, específicamente el pueblo de Alaró, como su lugar de trabajo.

No fue sin embargo una elección accidental. La luz de Mallorca –elemento básico- ha sido largamente descripta por los artistas como extraordinaria, y esto, junto a otros motivos de inspiración, persuadió al artista de establecer su hogar en la isla.

Varios rasgos de la vida mallorquina han seducido al pintor sudamericano, incluyendo el estilo de vida, la diversidad cultural e intelectual, así como la proximidad de la isla a otras importantes capitales del arte. Alvarez Frugoni cree que esta isla mediterránea continúa siendo un ambiente auténtico, una burbuja en la agitada Europa, que produce una energía positiva, fresca y viva.

Su obra

El artista trabaja principalmente con oleo y acrílico sobre tela, pero ha pintado también frescos y realizado esculturas. Cuando Alvarez Frugoni crea, es dentro de sí mismo que busca, produciendo una obra que es rica, intensa y plena. Representa la laberíntica naturaleza de su vida, el caos de sus pensamientos, la profundidad de su alma, y la dimensión de sus fantasías.

Su relación con el color es física; lo hace vivir y explotar, utiliza sus contrastes, juega con él, lo domina. En sus manos el color es suave y súbitamente violento, cálido y acogedor, luego cambiante, frío y oscuro. Está siempre presente, invadiendo, simultáneamente secreto y desvergonzado. En estos colores las formas se definen sutilmente. Ellas son una invitación a viajar –viajar en el tiempo, en el espacio, en el espíritu y los símbolos. Viajar en la abstracción y la realidad, en lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.

Las suyas son las formas vivientes que nos recuerdan quienes somos en realidad; criaturas sofisticadas cargadas de sueños y experiencias, torturadas por nuestros miedos, guiadas por nuestras emociones y desgarradas por nuestros sentimientos. Algunas veces vacías y otras plenas, marcadas por el pasado, absorbidas por el presente y angustiadas por el futuro.

Algunas de las figuras en la obra del artista son obvias, y atraen al ojo inmediatamente, como para establecer contacto. Éstas son seguidas por las menos obvias, a veces diminutas, frágiles, escondidas, o incluso tan grandes que la tela no puede contenerlas. Nunca presentes por accidente, y viviendo en un universo fantástico, estas criaturas nos hablan a cada uno de nosotros. Animales, hombres, mujeres, vestidos o desnudos, objetos de nuestras vidas –barcos, pianos. Estas criaturas tiene diferentes caras; hacien madura nuestra visión, abriendo nuevos canales de pensamiento, sin nunca dejarnos indiferentes.

Su historia

Nacido en Taracuarembò, Uruguay, en 1947, Alvarez inició su carrera artística en 1961, cuando empezó a estudiar en la escuela de arte de Montevideo. Más tarde se trasladó para enseñar en la escuela de Nuestra Señora del Huerto, en Florida, Uruguay.

Desde 1973 y 1974, estuvo viviendo entre Montevideo y Buenos-Aires , y fue durante esta época que Alavez empezó a dedicar su vida a la pintura. La decisión, sin embargo, estuvo influenciada en parte por una invitación de la Galería Marcos en Caracas, Venezuela, donde se le pidió que viviera, trabajar y expusiera. En 1979 estableció su grupo de arte “Taller 69″, y organizó exhibiciones con cuatro pintores jóvenes, dedicado a un estilo llamado “crítica figurativa”.

Después de esta experiencia, a Álvarez se le dejó con un sentimiento de conflicto sobre el aspecto mercantil del arte.

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